Hemos disfrutado de una sesión muy especial dentro de nuestro Proyecto de Educación Emocional: una clase de yoga en la que nuestros niños y niñas pudieron sentir su cuerpo, conectar con su respiración y encontrar un pequeño espacio de calma en medio del día a día escolar. Desde el primer momento, el ambiente se llenó de serenidad.
A lo largo de la sesión realizaron posturas sencillas como la montaña, para trabajar la estabilidad; el árbol, que favorece la concentración y el equilibrio; el gato y la vaca, que ayudan a soltar tensiones; o la estrella, que invita a abrirse y respirar profundamente.
Cada movimiento se convirtió en una oportunidad para desarrollar la conciencia corporal y la gestión emocional, dos pilares fundamentales para su bienestar. Uno de los momentos más especiales llegó con los ejercicios de respiración: con las manos en el abdomen, descubrieron cómo el aire entra y sale, entendiendo que su propia respiración puede ser una herramienta para calmarse cuando sienten nervios, enfado o tristeza.
Para finalizar, realizamos una breve relajación con los ojos cerrados y música suave. Durante unos minutos, el aula se transformó en un espacio de paz compartida.
Después, muchos contaron cómo se habían sentido: tranquilos, ligeros, contentos, más en calma. Y eso es precisamente lo que buscamos con actividades como esta: que aprendan a escucharse, a conocerse y a construir un bienestar emocional que les acompañe cada día.
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