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miércoles, 25 de febrero de 2026

Pequeñas acciones que construyen un mundo más justo

 Esta semana, en nuestro aula, hemos trabajado una emoción y un valor que atraviesa todas las relaciones humanas: la justicia social. A través de dinámicas, conversaciones, dibujos y un vídeo que nos ayudó a observar situaciones cercanas, nos adentramos en lo que significa tratar a todas las personas con equidad, respeto y dignidad. El aprendizaje emocional cobra sentido cuando se vive, cuando se dibuja, cuando se escribe y cuando se comparte; y eso es precisamente lo que hicimos.

Partimos de algo muy sencillo: observar situaciones cotidianas en las que alguien no recibe un trato justo. En la pantalla, los personajes mostraban escenas que facilitaron la reflexión: turnos que no se respetan, materiales que no se comparten o decisiones que se toman sin escuchar a quienes también forman parte del grupo. A partir de ahí, cada niño y niña elaboró su propia interpretación de la justicia social, escribiendo palabras, creando símbolos y dibujando pequeñas historias en sus cuadernos. En las mesas aparecieron conceptos como “justicia”, “igualdad” o “ayuda”, expresados desde su mirada personal.
El objetivo no era definir la justicia social desde un punto de vista teórico, sino entenderla desde lo emocional: reconocer cuándo algo no es justo, poner nombre a lo que sentimos en esas situaciones y, sobre todo, aprender a actuar con empatía. El trabajo individual –dibujar, pensar, escribir– permitió que cada uno conectara con su propia experiencia. Después, el trabajo conjunto nos llevó a descubrir que la justicia se construye entre todas las personas, en lo que decidimos, en cómo tratamos a quienes nos rodean y en las oportunidades que ofrecemos para que cada uno pueda participar y ser escuchado.
Esta actividad nos recordó que la justicia social no es un concepto abstracto; está en los detalles: en repartir material, en dejar espacio para hablar, en tener en cuenta las necesidades de quienes nos acompañan, en defender lo correcto incluso cuando es difícil. Educar emocionalmente también es ayudar a identificar cuándo se produce una situación injusta y dotar al alumnado de herramientas para transformarla.
Al finalizar, compartimos nuestras reflexiones en gran grupo. Fue un momento valioso: cada aportación mostró una comprensión sincera y profunda de lo que significa vivir en un entorno donde todos y todas importan. Con pequeños gestos, con palabras y con miradas atentas, descubrimos que la justicia social empieza en el aula y que cada día tenemos la oportunidad de practicarla.

miércoles, 18 de febrero de 2026

Carnaval de emociones

 Esta semana hemos vivido en el colegio uno de esos días que dejan huella: el Carnaval. 

Un día donde la imaginación se abre paso, los colores llenan los pasillos y las emociones se mezclan como si fueran confeti flotando en el aire. 

El Carnaval es mucho más que un disfraz: es la oportunidad perfecta para explorar otras identidades, jugar a ser otros, sentir desde lugares diferentes y descubrir que, detrás de cada capa o sombrero, también hay emociones que importan. 

Este año nos hemos convertido en personajes de diferentes cuentos, y cada disfraz nos ha regalado una emoción distinta: la valentía de quienes se atreven a hacer lo imposible, la alegría que brota de las aventuras compartidas, la ternura de los personajes más pequeños o la sorpresa de descubrir mundos mágicos. 

A través del juego simbólico, los niños y niñas han podido expresar emociones que a veces cuesta poner en palabras, conectar con la creatividad inventando historias sobre la marcha, compartir momentos de complicidad con los compañeros y ponerse en la piel de otros personajes, favoreciendo la empatía. Durante el desfile y las actividades del día, no solo brillaron los disfraces: también brillaron sus miradas ilusionadas, sus risas contagiosas y ese sentimiento de grupo que hace que cada celebración sea especial.

 El Carnaval nos recuerda que las emociones también se pueden vestir, representar y jugar, y que cuando nos permitimos ser creativos, el aula se convierte en un espacio donde todo es posible. Nos quedamos con una sensación muy bonita: la magia de ver cómo cada niño y niña encontraba su forma de expresarse, de sentirse parte del grupo y de disfrutar siendo, por un día, un personaje salido de un cuento… o de su propia imaginación. 

Porque al final, el Carnaval es eso: un viaje a través de las emociones, con música, color y mucha ilusión.

miércoles, 11 de febrero de 2026

Cuando aprender juntos, nos hace más fuertes

 

Hemos vivido una de esas sesiones especiales en las que la emoción, el movimiento y la convivencia se entrelazan de forma natural.
 Niños y niñas de diferentes cursos se han reunido para realizar una actividad motriz cooperativa en la que el objetivo no era solo mantener el equilibrio, sino encontrarlo juntos. A lo largo del circuito de bancos suecos, los grupos debían ayudarse para avanzar, sostenerse, coordinar sus pasos y comunicarse con calma y claridad. Lo más enriquecedor fue observar cómo, sin importar la edad, todos se convertían en un verdadero equipo: unos ofrecían la mano, otros animaban, algunos daban indicaciones serenas y otros esperaban su turno con paciencia. 

Este tipo de propuestas nos permite trabajar la educación emocional desde la experiencia directa, fomentando la cooperación, la regulación emocional y la comunicación respetuosa; cada pequeño reto se convierte en una oportunidad para crecer en confianza, en autoestima y en empatía. Cuando alguien lograba cruzar con la ayuda del grupo, la sonrisa lo decía todo; y cuando era uno mismo quien brindaba apoyo, la sensación de sentirse valioso era igual de emocionante. 
Por encima de todo, lo que llenó el gimnasio fue la alegría de compartir y descubrir que aprender no es solo resolver tareas, sino también convivir, sentir y avanzar acompañados. 
Estas actividades nos recuerdan que las emociones también se educan, y que hacerlo juntos hace que el aprendizaje sea mucho más significativo.

miércoles, 4 de febrero de 2026

Yoga para calmarnos

 Hemos disfrutado de una sesión muy especial dentro de nuestro Proyecto de Educación Emocional: una clase de yoga en la que nuestros niños y niñas pudieron sentir su cuerpo, conectar con su respiración y encontrar un pequeño espacio de calma en medio del día a día escolar. Desde el primer momento, el ambiente se llenó de serenidad. 

A lo largo de la sesión realizaron posturas sencillas como la montaña, para trabajar la estabilidad; el árbol, que favorece la concentración y el equilibrio; el gato y la vaca, que ayudan a soltar tensiones; o la estrella, que invita a abrirse y respirar profundamente. 

Cada movimiento se convirtió en una oportunidad para desarrollar la conciencia corporal y la gestión emocional, dos pilares fundamentales para su bienestar. Uno de los momentos más especiales llegó con los ejercicios de respiración: con las manos en el abdomen, descubrieron cómo el aire entra y sale, entendiendo que su propia respiración puede ser una herramienta para calmarse cuando sienten nervios, enfado o tristeza.
 Para finalizar, realizamos una breve relajación con los ojos cerrados y música suave. Durante unos minutos, el aula se transformó en un espacio de paz compartida. 
Después, muchos contaron cómo se habían sentido: tranquilos, ligeros, contentos, más en calma. Y eso es precisamente lo que buscamos con actividades como esta: que aprendan a escucharse, a conocerse y a construir un bienestar emocional que les acompañe cada día.