Cuando los niños/as practican deporte, no solo fortalecen su cuerpo, también aprenden a reconocer y expresar sentimientos: la alegría de jugar, la confianza al superar retos y la empatía al colaborar con sus compañeros.
Cada salto, cada equilibrio y cada carrera son oportunidades para gestionar emociones como la frustración y descubrir la satisfacción de lograr objetivos.
El deporte en el colegio es mucho más que movimiento: es un camino hacia el bienestar emocional.

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