Cuando llega el otoño, los árboles nos regalan un espectáculo de colores: las hojas verdes se transforman en tonos amarillos, naranjas, rojos y marrones.
En el otoño, los días se hacen más cortos y hay menos luz. Entonces, los árboles comienzan a prepararse para el invierno. Al desaparecer el color verde, aparecen otros colores que siempre estuvieron ahí, pero que estaban escondidos. Las hojas se vuelven amarillas o se tiñen de rojo o púrpura.
Además, muchos árboles pierden sus hojas en otoño. Esto no es porque estén enfermos, sino porque es su forma de protegerse del frío. Al quedarse sin hojas, ahorran energía y agua durante el invierno.
Así que la próxima vez que veas un árbol lleno de colores otoñales, recuerda que no es solo bonito: ¡es también una señal de que la naturaleza se está preparando para el invierno!

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